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La importancia de ser un modelo para mi hijo o hija

Actualizado: ago 20

En reiteradas ocasiones nos hemos hecho preguntas en torno a nuestro rol como formadores, ¿seré un buen padre o madre?, ¿estaré haciendo las cosas bien?; pero ¿qué implica ser adultos formadores?, en primer término señala que como seres humanos somos seres sociales, lo que implica convivir con otros y entre otros, esto requiere conocer y adquirir una serie de habilidades y competencias que nos permitan relacionarnos y convivir en armonía y respeto; por otra parte, requiere tener espacios para experimentar y ejercitar estas habilidades y competencias; estas situaciones implican la existencia de un adulto que permita el desarrollo del/la menor, este adulto se ubica principalmente al interior de la primera institución formadora que corresponde a la familia.


Al interior de la familia, los adultos responsables desarrollan en los y las niñas habilidades que les permiten comunicarse con los otros, competencia que luego será pulida, ensayada y perfeccionada en los colegios. Asimismo, desarrollan las competencias emocionales; las cuales a nuestro juicio se constituyen como las habilidades más importantes para responder de manera adecuada en la convivencia, por esto, toma principal relevancia el desarrollo de las habilidades socio-emocionales. Por lo tanto, los adultos preparamos a las nuevas generaciones para la vida, le entregamos herramientas para resolver problemas que se presenten en su devenir, logrando: la Colaboración, una Adecuada Comunicación, la Empatía y la Apreciación por la diversidad.


El desarrollo emocional es una habilidad que se adquiere y se desarrolla en primer término en el contexto familiar, luego en el contexto escolar y posteriormente se aplica en nuestra vida; bajo esta premisa y pensando en la idea de que nadie puede entregar lo que no tiene, es que en nuestra reflexión tomamos lo señalado por Ignacio Zenteno en la Presentación realizada el 08 de mayo en el seminario “Aprendizaje Socioemocional en tiempos de pandemia” que señala: “los adultos no hemos vivido una formación formal centrada en las habilidades socio-emocionales”, por lo tanto, desarrollar habilidades socio-emocionales en niños/as implica la necesidad de desarrollarlas previamente en los adultos, entonces, este momento es una importante oportunidad para desarrollar estas habilidades en nuestros niños, niñas y adolescentes, al igual que en los adultos.


Para nadie es extraño reconocer la premisa que los adultos nos constituimos como modelos para la conducta de los pequeños, ya que todo aprendizaje es social y también emocional; social porque se desarrolla en un contexto social y emocional porque se instala en el aparato psíquico del sujeto cuando logra establecer una relación emotiva con el contexto o con el sujeto en que se produce. En el marco social, los adultos protectores, con quienes se desarrolla el vínculo afectivo, se constituyen como el primer sujeto de admiración.


Ser el primer sujeto de admiración para los niños y las niñas, implica formar parte de una imagen a imitar y seguir. El Modelo cumple una doble función: en un primer momento acompaña al menor y muestra las conductas y acciones a realizar y en un segundo momento, acompaña en la imaginación del niño y le lleva a reproducir la conducta en ausencia del modelo.


En tiempos difíciles, los niños presentan una mayor necesidad de una figura a quien imitar; por lo tanto, el modelo de conducta presentado impactará en mayor forma en ellos. Si un adulto muestra conductas respetuosas y de tranquilidad, transferirá al niño un modelo a imitar que implique estas conductas; por el contrario, un modelo que presente conductas poco respetuosas presentará estas características a imitar.


Por último, es importante señalar que los niños en desarrollo requieren observar en los adultos una importante coherencia entre el actuar y el discurso; cuando la coherencia no se presenta, los niños tienden a seleccionar lo observado por sobre lo escuchado. Diferentes investigaciones muestran que la presencia de un Modelo significativo de conducta alcanza una mayor influencia en el niño, que un gran discurso; esto implica que el niño tiende a incorporar en su repertorio de conductas, ya que, de acuerdo a las características de los niños en formación y desarrollo, tienden a brindar mayor importancia a lo observable y concreto, por sobre lo abstracto del discurso de los adultos.


Les invito a que reflexionemos frente a las siguientes preguntas

1. ¿Qué tipo de modelo soy para mi hijo o hija?

2. ¿Qué tipo de modelo quiero ser para mi hijo?

3. ¿Qué necesito para llegar a ser ese modelo?


Germán Herrera - Psicólogo Chilean Eagles College - La Pintana 

Referencias bibliográficas:

  • Elias, M., Tovias S. y Friedlander B.(1999) Educar con Inteligencia Emocional, Edit. Paza y Janes Editores S.A. Barcelona,. España

  • Milicic, N., (2017), Educando a los hijos con Inteligencia Emocional, Edit. El Mercurio, Santiago, Chile.

  • Mineduc, 08 de mayo de 2020, Seminario: Aprendizaje Socioemocional en tiempos de pandemia; https://www.youtube.com/watch?v=RY1fIBm3Slw.

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