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Guiando a niños y niñas a regular sus emociones: Formando a través del ejemplo.

Actualizado: ago 11


En el momento en el que nos encontramos, el cuál puede resultar incierto y generador de malestar, resulta fundamental que como cuidadores de niños podamos comprender de qué forma ayudar a los más pequeños en la gestión de sus emociones, tomando este momento clave como una oportunidad para aprender y desarrollar nuestro potencial emocional, herramienta que será de utilidad para toda la vida de nuestros niños y niñas.


Pero ¿Qué es la regulación emocional? es una capacidad que se adquiere a lo largo de la vida, con la cual podemos identificar, comprender y manifestar nuestras emociones de una forma saludable sin dejar de responder a las demandas de nuestro entorno.


Es un proceso que se aprende a través del modelaje de conductas, es decir observando cómo otros lo hacen y cómo nos orientan a gestionar nuestras emociones. Juega un papel muy importante los primeros años de nuestra vida y la calidad de los vínculos que tuvimos con nuestros cuidadores, ya que se aprende principalmente en la relación con ellos.

Si bien existen distintas recomendaciones para facilitar este proceso, a continuación revisaremos algunas ideas fundamentales para orientarnos en dicha tarea.


Reconocer nuestros recursos


El primer paso para guiar a un/a niño/a, es que podamos conocernos. Preguntarnos qué necesitábamos de los adultos significativos cuando fuimos pequeños y algo nos asustaba, qué palabras, gestos y actitudes nos hicieron sentir mejor y comprender lo que nos estaba sucediendo y cuáles son los recursos emocionales que hemos desarrollado a lo largo de nuestra vida y que ahora como adultos poseemos para recuperar nuestro bienestar en momentos de crisis. Por ejemplo, puede que hayamos descubierto que en momentos de mucho agobio algo que nos hace recobrar la calma es hablar con un amigo o buscar un lugar seguro para desconectarnos un momento de las preocupaciones.


Así también resulta necesario conocer al niño que estamos acompañando, saber qué le asusta, le enoja o le preocupa y qué le da calma y le hace sentir bien, con esta información podemos empezar a construir nuestro propio botiquín emocional en casa, con acciones que nos podrían permitir recuperar el bienestar en momentos de agobio tanto a nosotros como a nuestros niños.

Calmarnos para Calmar

En el momento de acompañar a un/a niño/a en una desregulación emocional también conocidas como pataletas, es primordial recobrar la calma antes de intervenir, para formarle a través de nuestra actitud y del modelaje, más que a través de explicaciones ya que sabemos que tanto niños como adolescentes están desarrollando aún su capacidad de empatizar, de reconocer sus propias emociones, e inclusive en el caso de los niños más pequeños, están aún en desarrollo las estructuras cerebrales que les permitirán la regulación emocional por lo cual aquello que se les muestra con la actitud será lo que les permitirá ajustar su conducta de forma más efectiva.


Diálogo constante


Es de vital importancia el diálogo constante con ellas/os, desde un lenguaje sencillo y acorde a su edad. Poder conversar sobre lo que les preocupa o genera dudas, y en los casos de los niños más pequeños, resulta importante ponernos a su altura física para dialogar con ellos de tú a tú, así como también ayudarles a ponerle nombre a lo que sienten.


Cuidarnos para cuidar


En este escenario, resulta primordial ocuparnos de nuestro cuidado, mantener actividades que nos permitan conectarnos con nuestras necesidades y a la vez buscar alternativas para recobrar estados de bienestar, relajo, y sobre todo de disfrute, a pesar de las circunstancias que probablemente eran exigentes antes y en este escenario de crisis social y sanitaria puede que lo sean aún más.


Es importante instaurar esas actividades como hábitos diarios -aunque podamos destinarle pocos minutos al día- y en esto ayuda verlas como algo necesario para nuestra salud tal como lo es alimentarnos o dormir. Algunas de estas acciones podrían ser cosas tan simples como darnos unos minutos para escuchar música que nos gusta, desconectarnos de las noticias, hacer algo de actividad física o tener una conversación sincera con alguien de confianza.


Esto nos permite tener lo que podríamos llamar reserva emocional, es decir, estar mejor preparados/as emocionalmente para mantener la calma y la templanza en momentos de desborde de los niños y por ende, poder acompañarles de una forma más acertada en la gestión de sus emociones y en el desarrollo al máximo de sus potencias.


Por último recordemos que mucho de lo que estamos sintiendo hoy como adultos también es algo que sienten nuestros niños y requieren de nuestra compañía para poder elaborar de la mejor forma posible esta experiencia. Aunque a veces pueda parecer tarea difícil, lo que aprendamos de esto será un conocimiento de por vida, una reserva emocional de la que podrán hacer uso siempre que lo requieran.


Referencias Bibliográficas


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